Reflexión Cuaresmal

Written by admin on febrero 28, 2013. Posted in Liturgia

¿Quien es un amigo de Dios? es el que ordenadamente usa de todas las cosas dadas por la naturaleza, y nunca deja de hacer todo el bien que puede. Pero, ¿quien es un Cristiano?, un cristiano, es el que trabaja; ser cristiano  es todo lo que al hombre le es posible, por imitar a Cristo, tanto en su obras como en sus palabras, creyendo en la santísima trinidad con fe recta y exenta de error. (San Juan Clímaco)

Hoy más que nunca, nos encontramos con la necesidad de darnos una respuesta al sentido verdadero de la cuaresma o de los tiempos santos como acostumbramos nombrar, pero el sentido exacto o cercano, independientemente del significado teórico, cada uno se lo vamos a dar desde nuestra disposición o indisposición.

Con el miércoles de ceniza que ya hemos vivido este pasado trece de febrero, iniciamos el tiempo litúrgico que llamamos “cuaresma”, o mejor dicho, el camino hacia la pascua, “el paso que Cristo ya ha dado por nosotros de la muerte a la vida” mediante su Pasión, Muerte y Resurrección. La cuaresma no es un fin, sino un medio, un instrumento vivencial desde nuestro tiempo y espacio personales para alimentar nuestra fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios que como dice <<Máximo el Confesor>>: el Nuevo testamento, para ser plenamente comprendido, tiene que ser entendido no solo como revelación del misterio ya presente y operante de la salvación en Cristo, sino como preparación a su segunda venida, dado que concluye con el grito final del Apocalipsis “Ven Señor Jesús”. O como también nos lo menciona <<Pedro Damasceno>>: el que busca lo que establecen las Sagradas Escrituras no tendrá como juez a su propio pensamiento, sea bueno o malo, sino que, por el contrario, tendrá a  las mismas escrituras como maestro. La escucha y vivencia atenta de la Palabra de Dios debe arrojarnos desde nuestra voluntad y libertad a la participación en los sacramentos, signos sensibles y visibles de la gracia invisible de Dios y, al mismo tiempo a crecer en la caridad, es decir; Si la fe es conocer la verdad  y adherirse a ella como la guía de un arbusto que se adhiere al tronco de un pino: la caridad es caminar en la verdad, como se menciona en <<el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma del presenté Año de la Fe>>.

Este camino (la cuaresma) que estamos llamados a recorrer para recordar y vivir la Pascua, es necesario que vaya acompañado de obras concretas como el ayuno, la penitencia y la caridad… es como lo dice San Juan Clímaco; un exilio voluntario una salida de nosotros mismos, un no hacer caso de nuestros intereses personales para descubrir lo que realmente nuestro corazón esta deseando, abandonar sin mirar para atrás todo aquello que en la vida nos impide alcanzar la meta de la piedad.

La experiencia de la cuaresma es un comportamiento reservado, sabiduría que todavía se tiene desconocida y que se vive al “ahí se vá”.  La cuaresma es una experiencia que lleva en sí y por sí, una prudencia oculta, un propósito en secreto, una meditación silenciosa por AQUEL que dio todo en la Cruz, una apetencia de lo sencillo como aquel sencillo que suspiró en la cruz, un fundamento del deseo de Dios, una abundancia de caridad, una renuncia a la vanagloria, un abismo de silencio, porque ante el misterio no nos queda otra cosa mas de que el mismo asombro que nos deja atónitos, sin palabras, para solo decir ininterrumpidamente para el resto de nuestros días: ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

Seminarista Ramiro Velázquez Gutiérrez

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